19 de noviembre de 2011

¿Para qué?

El problema es que a mí me gusta jugar con fuego. Desafiar a mi mente. Ver hasta dónde pueden llegar mis pensamientos, darte cuenta de que siempre es lo mismo: el fuego, el maldito fuego.

El problema es que siempre me quedo abajo. No subo, no sé si es porque no quiero o porque me da miedo. Sé cómo se sube, sí, eso lo sé. Soy cobarde y tengo miedo, por tanto, espero. Sé que ella sabe que nunca bajará pero yo sigo pensando que algún día lo hará y entonces vuelvo a esperar. ¿Para qué, eh? ¿Para qué? Si total ya sé cómo acabará la historia.

Miedo, miedo, miedo, mucho miedo y miedo. No lo supe, no lo sé, no lo sabré. No quise saberlo, no quiero saberlo y no querré saberlo. ¿Por qué? Pues, ¿para qué? Habrá miles y miles de cosas que pondré sobre la misma mesa y siempre me quedaré abajo y con miedo preguntándome lo de siempre.

Hay quienes piensan que lo difícil es el camino pero para mí es empezar a caminar. Para hacer un buen camino tienes que saber adónde vas aunque yo pienso que para eso, es preciso saber de dónde vienes y quién eres. Para los perdidos, aconsejan que quizás caminando encuentres tu camino. Yo no lo comparto, ¿y si empiezas y te pierdes? Vuelves peor, ¿no?, pues primero conócete y luego ya empezaras a caminar, si hace falta correr y cuando hayas llegado habrás ganado.

Se rumorea que hay que darle tiempo al tiempo pero o el Tiempo se ha olvidado de mí o yo hace tiempo que dejé de saber de él.

El problema es que me enamoré de ti, me he enamorado o me enamoraré. Sea lo que sea, y pase lo que pase, yo me quedaré esperando, abajo, mirándote allí arriba y sin caminar.



Después de haber hablado sin hablar os deseo que paséis un buen fin de semana y, por supuesto, que gane el Barça. 

Agur amigos, agur!

PD.: 12.30 horas, en mi habitación y con mis gafas. 

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